El inversor y las fluctuaciones de mercado

En estos días de caídas tenemos que recordar más que nunca que somos inversores de largo plazo. Los negocios son los mismos que hace unas semanas y están bastante más baratos.

Deberemos de superar el miedo (natural) a estas caídas, por supuesto no vender y aprovechar para aumentar compras.

No se me ocurre mejor día para dejar el resumen del Capítulo 8 de La Biblia:

La distinción más realista entre el inversor y el especulador se puede apreciar en su actitud hacia los movimientos del mercado de valores. El principal interés del especulador consiste en anticipar y extraer beneficio de las fluctuaciones de mercado. El principal interés del inversor consiste en adquirir y mantener unos valores adecuados a unos precios adecuados. Los movimientos del mercado son importantes en un sentido práctico, porque, alternativamente, crean niveles de precio reducido a los que resulta inteligente comprar o niveles de precio elevado a los que indudablemente debería abstenerse de comprar y probablemente haría bien en vender.

 

Dista mucho de ser seguro que el inversor típico deba abstenerse de comprar ordinariamente hasta que se produzcan unos niveles bajos del mercado, porque esto puede entrañar una larga espera, con mucha probabilidad la pérdida de ingresos, y la posible pérdida de oportunidades de inversión. En general, puede que sea mejor que el inversor compre acciones siempre que tenga dinero para destinar a acciones, excepto cuando el nivel de mercado general sea muy superior a lo que se pueda justificar recurriendo a criterios sensatos de valoración. Si quiere mostrarse astuto, puede tratar de localizar las omnipresentes oportunidades ofrecidas por algunas acciones individuales.

 

Además de a la previsión de los movimientos del mercado general, en Wall Street se dedica mucho esfuerzo y capacidad a la elección de las acciones o grupos industriales que vayan a «conseguir mejores resultados» en materia de precio que el resto en un período de tiempo relativamente breve. Por lógico que pueda parecer este esfuerzo, no creemos que sea adecuado a las necesidades o al temperamento del verdadero inversor, en especial si se tiene en cuenta que estaría compitiendo con un gran número de operadores del mercado y de analistas financieros de primer orden que estarían tratando de lograr el mismo objetivo. Al igual que sucede en todas las demás actividades que hacen hincapié en los movimientos del precio en primer lugar y en los valores subyacentes en segundo lugar, el trabajo de muchas mentes inteligentes dedicadas constantemente a este fin tiende a neutralizar los esfuerzos de unos y de otros y acaba siendo perjudicial para todos a lo largo de los años.

 

El inversor que tenga una cartera de acciones sólida debería esperar que sus precios fluctuasen, y no debería preocuparse por las caídas considerables ni emocionarse por las subidas de precio considerables, Debería recordar siempre que la cotización de mercado es una utilidad que tiene a su disposición, ya sea para aprovecharla o para hacer caso omiso de ella. Nunca debería comprar una acción porque haya subido ni venderla porque haya bajado. No se equivocaría mucho si este lema se redactase en términos más sencillos: «No compre nunca una acción inmediatamente después de una subida sustancial, ni tampoco la venda inmediatamente después de una bajada sustancial».

 

Una consideración adicional Debería decirse algo sobre el significado de los precios medios de mercado como medición de la competencia del equipo directivo de una empresa. El accionista valora si su inversión ha tenido éxito tanto desde el punto de vista de los dividendos recibidos como de la tendencia a largo plazo del valor medio de mercado. Los mismos criterios deberían aplicarse a la hora de comprobar la eficacia de los directivos de una empresa y la sensatez de su actitud hacia los propietarios de la empresa.

 

Esta afirmación puede parecer una perogrullada, pero es necesario destacarla, porque todavía no se ha desarrollado una técnica o un método que goce de aceptación generalizada para someter la actuación de los directivos a la opinión del mercado. Al contrario, los equipos directivos han insistido en todo momento en que no tienen responsabilidad de tipo alguno sobre lo que ocurre en el mercado con el valor de las acciones de su empresa. Es cierto, indudablemente, que no son responsables de las fluctuaciones de precio que, como venimos afirmando, no tienen ninguna relación con las condiciones y valores subyacentes. No obstante, sólo cabe achacar a la falta de atención y conocimiento entre una gran parte de los accionistas el que se permita que esta inmunidad se extienda a todo el ámbito de las cotizaciones de mercado, incluido el establecimiento permanente .de un nivel de cotización depreciado e insatisfactorio. Los buenos equipos directivos consiguen buenas cotizaciones medias de mercado, mientras que los malos equipos directivos consiguen malas cotizaciones de mercado.

Poco que añadir a tan brutal texto. Sólo recomendar que compren el mejor libro que se ha escrito de inversión y lo dejen en la mesilla para poder releer pasajes cada poco tiempo, especialmente días como hoy. Si estáis interesados en el libro os dejo aquí el link.

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