La Inteligencia Emocional

En multitud de ocasiones leemos que la inversión es 99% psicología y 1% conocimiento. Incluso en este blog lo hemos repetido varias veces.

Pero ¿Qué queremos decir con 99% psicología? Esta frase hace referencia a que en la inversión la clave es el control de las emociones por encima del conocimiento. De hecho Warren Buffett siempre dijo que no tienen una inteligencia extraordinaria (afirmación que pongo en duda), si no un comportamiento adecuado a las inversiones.

Este comportamiento adecuado no es otra cosa que el control de las emociones. Desde que tenemos uso de razón nos damos cuenta que es un tema necesario para poder tener una vida plena y saludable, teniendo emociones pero evitando que nos sobrepasen.

Hasta hace no muchos años la única respuesta de la ciencia a esta necesidad era supeditar las emociones al conocimiento. La racionalidad como única inteligencia posible medida a través del Coeficiente Intelectual (CI). Fue a través de varios estudios que pusieron de manifiesto que las emociones podían influir más en el destino (y la felicidad) de una persona que el conocimiento por los cuales la ciencia abrió una puerta hacia el entendimiento de que quizá habría que tener en cuenta otros tipos de inteligencia.

Pero no fue hasta que el psicólogo Daniel Goleman en 1996 escribió uno de los ensayos más importantes del pasado siglo, aglutinando los diferentes estudios de la materia para plasmar una nueva teoría que cambiaría la visión del ser humano para siempre.

Esta entrada, como solemos hacer, no será un resumen del libro, para ello hay multitud de blogs de lectura, si no que dejaré un pequeño extracto del comienzo del mismo con el objeto de generar la curiosidad necesaria para iniciar su lectura.

Prologo

¿Por qué algunas personas parecen dotadas de un don especial que les permite vivir bien, aunque no sean las que más se destacan por su inteligencia? ¿Por qué no siempre el alumno más inteligente termina siendo el más exitoso? ¿Por qué unos son más capaces que otros para enfrentar contratiempos, superar obstáculos y ver las dificultades bajo una óptica distinta?

El libro demuestra cómo la inteligencia emocional puede ser fomentada y fortalecida en todos nosotros, y cómo la falta de la misma puede influir en el intelecto o arruinar una carrera.

La inteligencia emocional nos permite tomar conciencia de nuestras emociones, comprender los sentimientos de los demás, tolerar las presiones y frustraciones que soportamos en el trabajo, acentuar nuestra capacidad de trabajar en equipo y adoptar una actitud empática y social, que nos brindará mayores posibilidades de desarrollo personal.

En un lenguaje claro y accesible, Goleman presenta una teoría revolucionaria que ha hecho tambalear los conceptos clásicos de la psicología, que daban prioridad al intelecto.

Resumen del libro por D. Goleman

El presente libro constituye una guía para conocer todas esas visiones científicas sobre la emoción, un viaje cuyo objetivo es proporcionarnos una mejor comprensión de una de las facetas más desconcertantes de nuestra vida y del mundo que nos rodea.

La meta de nuestro viaje consiste en llegar a comprender el significado —y el modo— de dotar de inteligencia a la emoción, una comprensión que, en sí misma, puede servirnos de gran ayuda, porque el hecho de tomar conciencia del dominio de los sentimientos puede tener un efecto similar al que provoca un observador en el mundo de la física cuántica, es decir, transformar el objeto de observación.

Nuestro viaje se inicia en la primera parte con una revisión de los descubrimientos más recientes sobre la arquitectura emocional del cerebro que nos explica una de las coyunturas más desconcertantes de nuestra vida, aquélla en que nuestra razón se ve desbordada por el sentimiento. Llegar a comprender la interacción de las diferentes estructuras cerebrales que gobiernan nuestras iras y nuestros temores —o nuestras pasiones y nuestras alegrías— puede enseñarnos mucho sobre la forma en que aprendemos los hábitos emocionales que socavan nuestras mejores intenciones, así como también puede mostrarnos el mejor camino para llegar a dominar los impulsos emocionales más destructivos y frustrantes. Y, lo que es aún más importante, todos estos datos neurológicos dejan una puerta abierta a la posibilidad de modelar los hábitos emocionales de nuestros hijos.

En la segunda parte, la siguiente parada importante de nuestro recorrido, examinaremos el papel que desempeñan los datos neurológicos en esa aptitud vital básica que denominamos inteligencia emocional, esa disposición que nos permite, por ejemplo, tomar las riendas de nuestros impulsos emocionales, comprender los sentimientos más profundos de nuestros semejantes, manejar amablemente nuestras relaciones o desarrollar lo que Aristóteles denominara la infrecuente capacidad de «enfadarse con la persona adecuada, en el grado exacto, en el momento oportuno, con el propósito justo y del modo correcto». (Aquellos lectores que no se sientan atraídos por los detalles neurológicos tal vez quieran comenzar el libro directamente por este capítulo).

Este modelo ampliado de lo que significa «ser inteligente» otorga a las emociones un papel central en el conjunto de aptitudes necesarias para vivir. En la tercera parte examinamos algunas de las diferencias fundamentales originadas por este tipo de aptitudes: cómo pueden ayudarnos, por ejemplo, a cuidar nuestras relaciones más preciadas o cómo, por el contrario, su ausencia puede llegar a destruirlas; cómo las fuerzas económicas que modelan nuestra vida laboral están poniendo un énfasis sin precedentes en estimular la inteligencia emocional para alcanzar el éxito laboral; cómo las emociones tóxicas pueden llegar a ser tan peligrosas para nuestra salud física como fumar varios paquetes de tabaco al día y cómo, por último, el equilibrio emocional contribuye, por el contrario, a proteger nuestra salud y nuestro bienestar.

La herencia genética nos ha dotado de un bagaje emocional que determina nuestro temperamento, pero los circuitos cerebrales implicados en la actividad emocional son tan extraordinariamente maleables que no podemos afirmar que el carácter determine nuestro destino. Como muestra la cuarta parte de nuestro libro, las lecciones emocionales que aprendimos en casa y en la escuela durante la niñez modelan estos circuitos emocionales tornándonos más aptos —o más ineptos— en el manejo de los principios que rigen la inteligencia emocional. En este sentido, la infancia y la adolescencia constituyen una auténtica oportunidad para asimilar los hábitos emocionales fundamentales que gobernarán el resto de nuestras vidas.

La quinta parte explora cuál es la suerte que aguarda a aquellas personas que, en su camino hacia la madurez, no logran controlar su mundo emocional y de qué modo las deficiencias de la inteligencia emocional aumentan el abanico de posibles riesgos, riesgos que van desde la depresión hasta una vida llena de violencia, pasando por los trastornos alimentarios y el abuso de las drogas.

Esta parte también documenta extensamente los esfuerzos realizados en este sentido por ciertas escuelas pioneras que se dedican a enseñar a los niños las habilidades emocionales y sociales necesarias para mantener encarriladas sus vidas.

El conjunto de datos más inquietantes de todo el libro tal vez sea el que nos habla de la investigación llevada a cabo entre padres y profesores y que demuestra el aumento de la tendencia en la presente generación infantil al aislamiento, la depresión, la ira, la falta de disciplina, el nerviosismo, la ansiedad, la impulsividad y la agresividad, un aumento, en suma, de los problemas emocionales.

Si existe una solución, ésta debe pasar necesariamente, en mi opinión, por la forma en que preparamos a nuestros jóvenes para la vida. En la actualidad dejamos al azar la educación emocional de nuestros hijos con consecuencias más que desastrosas. Como ya he dicho, una posible solución consistiría en forjar una nueva visión acerca del papel que deben desempeñar las escuelas en la educación integral del estudiante, reconciliando en las aulas a la mente y al corazón. Nuestro viaje concluye con una visita a algunas escuelas innovadoras que tratan de enseñar a los niños los principios fundamentales de la inteligencia emocional. Quisiera imaginar que, algún día, la educación incluirá en su programa de estudios la enseñanza de habilidades tan esencialmente humanas como el autoconocimiento, el autocontrol, la empatía y el arte de escuchar, resolver conflictos y colaborar con los demás.

En su Ética a Nicómaco. Aristóteles realiza una indagación filosófica sobre la virtud, el carácter y la felicidad, desafiándonos a gobernar inteligentemente nuestra vida emocional. Nuestras pasiones pueden abocar al fracaso con suma facilidad y. de hecho, así ocurre en multitud de ocasiones; pero cuando se hallan bien adiestradas, nos proporcionan sabiduría y sirven de guía a nuestros pensamientos, valores y supervivencia. Pero, como dijo Aristóteles, el problema no radica en las emociones en sí sino en su conveniencia y en la oportunidad de su expresión. La cuestión esencial es: ¿de qué modo podremos aportar más inteligencia a nuestras emociones, más civismo a nuestras calles y más afecto a nuestra vida social?

Conclusión:

Este libro es uno de los más importantes que se han escrito en las últimas décadas, ya no sólo en el campo del ensayo o la psicología, si no en la ciencia en general.

Que la inteligencia no sólo sea conocimiento entendido y medido a través del Coeficiente Intelectual (difícil de modificar), si no que incluya un tipo de inteligencia emocional que es un hábito y como tal se puede aprender supone lo que Eduard Punset suele repetir: el cerebro es plástico lo que significa que podemos modificarlo y controlarlo para ampliar nuestra inteligencia, adaptándonos mejor al medio, consiguiendo nuevas metas y siendo más felices.

En mi opinión este libro es el eslabón que enlaza El Gen Egoista de Richard Dawkins con Influencia de Robert Cialdini. Tres libros ya no excelentes, si no necesarios para entender la sociedad y a nosotros mismos.

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2 comentarios
  1. Marc Dice:

    ¡Hola, Víctor!
    Un artículo muy útil. Pienso que tienes mucha razón cuando dices que en la inversión es muy importante la psicología y el control de las emociones, pues si no somos capaces, al menos, de identificar nuestras emociones, podemos cometer los típicos errores de dejar escapar fantásticas oportunidades y vender nuestras inversiones por miedo en el peor momento. Un gran libro el de Goleman que siempre tendrá un lugar en mi biblioteca de inversión.
    Un abrazo,
    Marc

    • Víctor Morales Dice:

      Hola Marc.

      Me alegro que te guste.
      Así es, el control de las emociones suele ser necesario siempre, especialmente en la inversión.
      El libro de Goleman debería estar en todas las bibliotecas, sean de inversión o no 😉

      Un abrazo.
      Víctor

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